Cómo integrar la perdida y no pasar por un duelo patológico

Cómo integrar la perdida y no pasar por un duelo patológico

El duelo normal es una reacción natural, ante las perdidas que consideramos significativas, se estima una duración de 12 meses, aunque existe mucha variabilidad individual, y salvo los primeros días no afecta a la autonomía. Es decir, que la persona afectada puede continuar con su vida, con sus rutinas, con sus propósitos, pero superar la perdida no consiste en olvidar, más bien es integrar la ausencia en la nueva realidad.

Sin embargo, el duelo patológico cursa de muchas formas, durando años, con elevada intensidad, siendo incapacitante, puede darse la negación de la perdida o invisibilizar todo lo relacionado con la persona o animal perdido, y puede aparecer resistencia a sentir emociones o llorar.

La negación como mecanismo de defensa ante el dolor tiene su función en las primeras etapas, pero con el tiempo si se enquista bloquea la integración y aceptación de la impermanencia. Actúa como un muro para la conciencia de nuestra propia finitud y la de que algún día alguien llorará nuestra propia perdida.

Un duelo no elaborado se perpetua en el tiempo y acaba afectando a la Salud.

Otros mecanismos a evitar: la ambivalencia, la sombra y no despedirse.

Hablar de ambivalencia es hablar de duelo patológico, se quiere y se odia al mismo tiempo.

Tanto la irá como el enfado son emociones universales y transitorias que forman parte de nuestro repertorio de respuestas adaptativas, en cambio el sentimiento de odio es algo más complejo y mediado por el contexto y la cultura que fácilmente puede conducir a la perdida de flexibilidad y al malestar psicológico.

Por ende, sentir odio por alguien al que amas genera sufrimiento que puede desembocar en culpa y depresión.

Desde este enfoque perdonar no es justificar, es ayudar a sanar las heridas, y es mejor hacerlo en vida si se dispone del tiempo y de la claridad para hacerlo. Igualmente, siempre se puede pedir ayuda profesional para resolver la confusión que genera la ambivalencia.

La sombra tiene que ver con nuestra forma de mirar el mundo, tendente a captar antes lo negativo(miedo, inseguridades) que lo positivo y en el caso del duelo de una persona querida con la que tuvimos roces y no fueron resueltos en vida, se queda una sombra, una losa que no podemos reformular ni apartar.

En clave ética, aprender a mirar lo positivo de cada persona rebaja el odio y devuelve a la persona al mismo lugar que partimos todos, seres sintientes que precisamos de amor y de reducir el sufrimiento para una vida más plena.

Y el último comportamiento es evitar la despedida para no afrontar el impacto emocional de la misma.

Despedirse es un acto de reconocimiento, de agradecimiento, de perdón de las posibles diferencias que hayan surgido en vida, es un cierre afectivo que marca el buen pronóstico del duelo.

“Ante la muerte de un ser querido tenemos que llorar 3 veces”. -Thich Nhat Hanh

1º Por el fallecido y por el vínculo que represento en nuestras vidas.

2º Por nosotros, puesto que nos sentimos más solos.

3º Por el mundo, dado que todos lloramos la muerte y esto nos debería sensibilizar y llevar a la acción, o la búsqueda de un mundo en el que se sufra un poquito menos.

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