Habitar la vacuidad: ¿qué es y cómo se entrena?

Habitar la vacuidad: ¿qué es y cómo se entrena?

El progreso en la meditación no depende únicamente del tiempo que dedicamos a la práctica formal, sino también de nuestra capacidad para integrar lo aprendido en las actividades cotidianas.

Esta práctica puede ayudarnos a observar con mayor claridad lo que experimentamos —agradable, desagradable o neutro—, sin aferrarnos a ello ni tratar de evitarlo automáticamente. Así, podemos cultivar una relación más flexible con la experiencia y responder con mayor equilibrio.

Desde las tradiciones contemplativas y la psicología basada en la evidencia se han desarrollado perspectivas diferentes, aunque con algunos puntos de encuentro, sobre cómo reducir la reactividad automática y relacionarnos de otra manera con nuestros pensamientos, emociones y sensaciones.

La vacuidad en la práctica contemplativa

En el Majjhima Nikāya (MN 121, § 4; Bodhi, 2000, p.965), el Buda explica cómo meditar atendiendo a las percepciones del bosque cuando uno se retira a él:

«Atended a las percepciones del bosque; todo lo dejado atrás no pertenece a las alteraciones que dependen de la percepción del bosque».

Esta enseñanza invita a reconocer qué está presente en nuestra experiencia y qué ha dejado de formar parte de ella. Al dirigir la atención hacia las percepciones vinculadas al bosque, el practicante puede dejar de alimentar las representaciones mentales relacionadas con el lugar que ha abandonado.

No se trata simplemente de eliminar pensamientos, emociones o impulsos, sino de observar cómo nuestra experiencia se configura a partir de determinadas percepciones y condiciones. Esta exploración forma parte del camino contemplativo hacia la comprensión de la vacuidad.

Cambiar de lugar también puede cambiar nuestra mirada

El Camino de Santiago puede servirnos como ejemplo. Al alejarnos temporalmente de nuestras rutinas, responsabilidades y entornos habituales, algunas personas experimentan una mayor presencia, una nueva perspectiva sobre sus vidas o una forma distinta de comprenderse a sí mismas.

Sin embargo, este cambio no ocurre necesariamente ni de la misma manera en todo el mundo. Depende de las circunstancias, de la disposición personal y de cómo se vive la experiencia.

Las vías de acceso a la vacuidad nos invitan a distinguir lo que está presente de aquello que nuestra mente añade, para poder habitar con mayor plenitud lo que sí está ocurriendo.

Cuando la mente nos aleja del presente

La mente puede viajar al futuro, anticipando problemas, o regresar al pasado, revisando recuerdos y buscando explicaciones.Estas capacidades son necesarias, pero, cuando se vuelven automáticas y repetitivas, pueden alejarnos de la experiencia presente.

En la práctica contemplativa, se busca reconocer y detener la proliferación mental: esa cadena de pensamientos, interpretaciones y asociaciones que se alimentan entre sí y pueden intensificar nuestro malestar.

No significa dejar de pensar, sino aprender a advertir cuándo estamos atrapados en una historia mental y cuándo podemos volver a lo que está sucediendo aquí y ahora.

La mente como espacio de experiencia

Podemos imaginar la conciencia como un espacio en el que aparecen pensamientos, emociones, sensaciones corporales e impulsos. Desde esa perspectiva, no necesitamos identificarnos por completo con cada fenómeno que surge: podemos observarlo, comprenderlo y decidir cómo responder.

La mente también construye imágenes, recuerdos y escenarios futuros que, en ocasiones, nos mantienen atrapados en ciclos de sufrimiento. Explorar el espacio mental puede ayudarnos a observar estos fenómenos sin quedar absorbidos por ellos. Algunas personas describen ese espacio como oscuro, vacío o sin límites definidos; estas imágenes son experiencias subjetivas y metáforas contemplativas, no descripciones científicas literales de la mente.

También podemos explorar cómo nos relacionamos con el tiempo a través de los recuerdos, la historia personal o las imágenes de quienes fuimos durante la infancia. Observar estas representaciones permite reconocer que nuestra experiencia presente no se reduce a ellas.

Observar sin añadir automáticamente

En el discurso de Bāhiya, recogido en el Udāna 1.10, encontramos una instrucción contemplativa que puede expresarse así:

«En lo visto, solo lo visto; en lo oído, solo lo oído; en lo sentido, solo lo sentido y en lo conocido, solo lo conocido».

La formulación castellana es una adaptación de la enseñanza; no pretende reproducir literalmente una traducción concreta del texto pali.

La invitación consiste en atender a la experiencia sensorial y mental sin añadir de manera automática interpretaciones, juicios o anticipaciones. No implica que podamos percibir sin ningún procesamiento mental, sino que podemos aprender a reconocer cuándo estamos experimentando algo y cuándo estamos reaccionando a lo que pensamos acerca de ello.

El puente con la psicología: el descentramiento

En psicología, esta capacidad guarda relación con el descentramiento psicológico: la habilidad para observar los pensamientos y sentimientos como acontecimientos mentales, en lugar de tratarlos automáticamente como verdades absolutas, definiciones de uno mismo o representaciones exactas de la realidad (Bernstein et al., 2015).

Desde esta perspectiva, pensar «no voy a poder afrontar esto» no es lo mismo que constatar que realmente no podemos afrontarlo. Podemos reconocer el pensamiento, observar qué emoción despierta y decidir qué conducta se ajusta mejor a la situación.

El descentramiento se relaciona con la metaconciencia, una menor identificación con la experiencia interna y una reducción de la reactividad ante el contenido de los pensamientos. Estos procesos han sido estudiados en el ámbito de la psicología clínica y de las intervenciones basadas en mindfulness (Bernstein et al., 2015; Teasdale et al., 2002).

Aunque existe un diálogo posible entre estas ideas y ciertas prácticas contemplativas, la vacuidad budista y el descentramiento psicológico no son conceptos equivalentes: proceden de marcos distintos y persiguen objetivos que no se deben confundir.

¿Cómo puede ayudarnos ante el estrés?

Cuando la preocupación, la anticipación o la rumiación se intensifican, entrenar la atención y aprender a tomar distancia de los pensamientos puede contribuir a disminuir la reactividad y ampliar nuestras posibilidades de respuesta.

La práctica no garantiza que desaparezca el malestar ni que dejemos de pensar en aquello que nos preocupa. Nos ofrece, más bien, la posibilidad de reconocer lo que aparece en la mente sin tener que seguir cada pensamiento, luchar contra cada emoción o actuar impulsivamente ante cada sensación.

¿Por qué la vacuidad, entonces? No para dejar la mente en blanco, sino para aprender a no quedar atrapados en todo aquello que se añade a la realidad.

Etiquetas

  • Descentramiento psicológico
  • Terapia de Aceptación y Compromiso
  • Mindfulness
  • Psicología Contemplativa

¿Necesitas ayuda profesional?

Si te identificas con lo que has leído, da el primer paso. Estamos aquí para ayudarte.

Reservar 1ª sesión gratuita